
La vida es a veces un extraño entresijo del que no sé sabe qué esperar y es sin duda para el ser humano una interrogante muy seria el no saber qué vendrá el día de mañana, pero aún más turbio se presenta para quien pasa los días a la espera de un ser querido de cuyo paradero lo ignora todo, el mundo moderno se ha ido enturbiando con el flagelo del secuestro y la desaparición forzada, que aún y cuando a finales de los 80’s de veía como una especie en vía de extinción, no lo fue, tomando en países como los nuestros un cariz aún más siniestro y que día con día golpea a las sociedades dentro de las cuales, como un cáncer, se va desarrollando, sin que de momento se vea una posibilidad real de su extinción total.
Este es el caso de la Sra. Sylvia Zelaya, quien desde el 5 de enero del año 2,002 espera por noticias de su hijo Keneth Shaw Zelaya, quien en febrero de 2,000 viajó de ciudad Guatemala con destino a Bogotá, ciudad en la que residía su padre al igual que su hermana. Para ese momento, estudiaba el último grado del bachillerato, pasado un tiempo de su estadía allá, le fue diagnosticada la diabetes, razón por la cual inició el tratamiento correspondiente a fin de amainar dicha enfermedad, quizá debido a esta alteración en su vida, decidió por un tiempo alejarse de los estudios, dedicando mucho de su tiempo a la fabricación de artesanías, junto a dos amigos, para octubre de 2,001 su madre decide visitarlo por cinco días, tiempo en el cual le manifestó su deseo de al terminar el colegio, en junio del año siguiente, volver a Guatemala junto a su hermana y de los muchos planes que al respecto tenía.
A fines de ese mismo año decide viajar, junto a sus amigos, hacia ciudad Cartagena, desde donde llamó a su madre para informarle que habían sido asaltados y que necesitaba algún dinero, mismo que ella le envió, para el 2 de enero le llamó nuevamente para informarle que habían viajado para Medellín, a casa de la madre de uno de sus amigos, según lo dicho, el día 5 viajaría de vuelta para Bogotá, desde donde, una vez llegado a la casa de su padre, le llamaría de vuelta.
Dicho viaje fue realizado, pues el amigo de Medellín le fue a dejar a la estación, pero a partir de ese momento, nunca más se volvió a saber algo del paradero de Keneth Shaw Zelaya. Su padre, Richard Shaw Arrivillaga, inició las gestiones correspondientes ante las autoridades colombianas, quienes le informaron que en dicha carretera, bastante peligrosa para la época, la guerrilla había hecho una serie de incursiones a lo largo de esa semana y que además habían destruido un tramo considerable de la carretera, preguntó en hospitales, morgues y centros de detención, sin hallar a la fecha información alguna.
En marzo de ese mismo año se presentó la denuncia en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala y en el de Guatemala en Colombia, convirtiéndose a la fecha en un silencioso calvario, pues el factor distancia, ha hecho aún más difícil todo. A pesar de lo duro y a veces desesperanzador que el horizonte pueda parecer, su familia, y en especial su madre, no cesan de cada día verlo amanecer, no como un día más sin él sino como un día más que se tarda en llegar de vuelta a la que desde siempre ha sido su casa.
Este es el caso de la Sra. Sylvia Zelaya, quien desde el 5 de enero del año 2,002 espera por noticias de su hijo Keneth Shaw Zelaya, quien en febrero de 2,000 viajó de ciudad Guatemala con destino a Bogotá, ciudad en la que residía su padre al igual que su hermana. Para ese momento, estudiaba el último grado del bachillerato, pasado un tiempo de su estadía allá, le fue diagnosticada la diabetes, razón por la cual inició el tratamiento correspondiente a fin de amainar dicha enfermedad, quizá debido a esta alteración en su vida, decidió por un tiempo alejarse de los estudios, dedicando mucho de su tiempo a la fabricación de artesanías, junto a dos amigos, para octubre de 2,001 su madre decide visitarlo por cinco días, tiempo en el cual le manifestó su deseo de al terminar el colegio, en junio del año siguiente, volver a Guatemala junto a su hermana y de los muchos planes que al respecto tenía.
A fines de ese mismo año decide viajar, junto a sus amigos, hacia ciudad Cartagena, desde donde llamó a su madre para informarle que habían sido asaltados y que necesitaba algún dinero, mismo que ella le envió, para el 2 de enero le llamó nuevamente para informarle que habían viajado para Medellín, a casa de la madre de uno de sus amigos, según lo dicho, el día 5 viajaría de vuelta para Bogotá, desde donde, una vez llegado a la casa de su padre, le llamaría de vuelta.
Dicho viaje fue realizado, pues el amigo de Medellín le fue a dejar a la estación, pero a partir de ese momento, nunca más se volvió a saber algo del paradero de Keneth Shaw Zelaya. Su padre, Richard Shaw Arrivillaga, inició las gestiones correspondientes ante las autoridades colombianas, quienes le informaron que en dicha carretera, bastante peligrosa para la época, la guerrilla había hecho una serie de incursiones a lo largo de esa semana y que además habían destruido un tramo considerable de la carretera, preguntó en hospitales, morgues y centros de detención, sin hallar a la fecha información alguna.
En marzo de ese mismo año se presentó la denuncia en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala y en el de Guatemala en Colombia, convirtiéndose a la fecha en un silencioso calvario, pues el factor distancia, ha hecho aún más difícil todo. A pesar de lo duro y a veces desesperanzador que el horizonte pueda parecer, su familia, y en especial su madre, no cesan de cada día verlo amanecer, no como un día más sin él sino como un día más que se tarda en llegar de vuelta a la que desde siempre ha sido su casa.
